Naci en la Capital en 1957, pero hasta los seis vivi en Santa Fe con mis abuelos. Esa vida en el campo hondo, sin electricidad, sin agua corriente, fue un paraiso para mí. Por eso, vivo en el conurbano. Aunque me gusta la ciudad (el cine, el ruido, hasta la gente en las calles del centro), necesito tener el viento cerca, respirar en verde de tanto en tanto. Odié la secundaria. Cuando la terminé, estudié dos carreras, Letras y Traducción. Ahora enseño en los dos lugares en los la que fui alumna: Filosofia y Letras en la UBA y el Lenguas Vivas J. R. Fernández. Traduje más de sesenta novelas, Estudio literatura de minorías estadounidenses porque se parece a la que yo quiero escribir: una literatura de resistencia. También escribo críticas literarias para diarios. ¿Qué puede ser mejor que un trabajo en que me pagan por leer?

 Tengo tres chicos. Para ellos escribí mis primeros libros para nenes. Ahora, creo que ya me independicé. Entre otros, algunos de mis libros infantiles y juveniles son Maíz se dibuja, Tucán aprende una palabra, Historia de los Cuatro Rumbos, Umbrales, El año de la Vaca y la luna en el armario.

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